Carta de una cardiópata de 70 años a los jóvenes y adolescentes con cardiopatía

Queridos/as jóvenes y adolescentes:

Mirad si seré osada que con 70 años que tengo me atrevo a escribiros. Es posible que no os comprenda del todo, ni vosotros a mí, pero quizá coincidamos en algún aspecto. ¡Ya se me ocurre uno….!. Yo he vivido toda mi vida con una cardiopatía congénita (CC) como algunos de vosotros. Por eso me gustaría contaros cómo pasé, sin saber que tenía esa CC, la adolescencia, juventud y etapa de adulto, y……… no os voy a decir parte de mi tercera edad porque no me siento en ella, ¡no me creo la edad que tengo, que le voy hacer!.

Mi CC se llama nacimiento anómalo de la arteria coronaria derecha con trayecto interarterial entre la pulmonar y la aorta. Ver Coronariopatías. Hasta hace pocos años no se le daba una mayor importancia, no se había estudiado suficientemente y no se la consideraba como una entidad grave. Pero parece ser que algún médico forense, al realizar la autopsia a un joven deportista, se percató de que tenía esta cardiopatía. Yo empecé a notar mis primeros síntomas cuando tenía 6 o 7 años. La primera vez fue un día saltando en la cama, ¡que susto me llevé! qué dolor en el pecho y qué mareos…, pero me tumbé y se me pasó al momento. Sólo pensé ¡qué bruta soy saltando! No dije nada a mis padres y me lo callé. Fue avanzando mi niñez con ciertas limitaciones, creándome estrategias para poder jugar a lo mismo que otros niños. Que jugaban al escondite …… me escondía más cerca que mis compañeros de juego……., que jugaban…….. .

Me preguntaréis: y de ir al médico ¿qué? Pues sí, me llevaron al médico en varias ocasiones. Pero mi cardiopatía no parece que se diagnostique tan fácilmente. Los electros daban bien, incluso me hicieron alguna prueba de esfuerzo y tampoco se veía nada anormal, aunque después comprobé que esta prueba unas veces me daba isquemia y otras no. Con unos 17 años aproximadamente me empezaron a dar unas arritmias muy raras. Me dijeron que eran extrasístoles, palpitaciones….. nuevamente pruebas….. y conclusión, nervios. Nunca culparé a los médicos de la situación que tuve que vivir. Pienso que antes no había los medios de diagnóstico que hay ahora y, además, los síntomas eran soportables porque no los tenía de continuo. Me realizaban las pruebas que consideraban pertinentes y no aparecía nada anormal…….. . Pero yo en mi interior sabía que algo no andaba bien en mi corazón. Entonces, tomé una decisión, YO ME PROTEGERÍA. ¿Y cómo me protegí? Pues siendo prudente, llevando una vida ordenada, pero dentro de un límite, porque era joven y quería hacer lo mismo que mis amigos y amigas. Y disfruté, ¡vaya si disfruté! Bailaba…, pero no Rock…. La suerte es que en mi juventud se bailaba bastante lento y a lo “agarrado”. Y cuando íbamos en cadeneta, si empezaba a notar esa bendita molestia en el pecho, pues me salía. Si se bailaba a lo suelto….., pues me retiraba antes que los demás y, aprendí que no tenía por qué esperar a que me aparecieran esas molestias que tanto me asustaban.

A veces no era tan fácil controlar la situación, por ejemplo cuando me concedieron un diploma y, al bajar del escenario, tuve un dolor muy fuerte. No dije a nada a nadie, pero una compañera me miró y me dijo – ¡qué cara tan pálida se te ha quedado! A lo que yo respondí: será por los nervios. Siguieron pasando los años, adaptándome a mi corazón y mi corazón a mí.

Tengo un montón de anécdotas que podría contaros, pero, tranquilos/as….., que esta es la última.

Con 57 años, un día, la cuesta que habitualmente subía todos los días, la subí a toda marcha. ¡Que pierdo el tren y llego tarde al trabajo! Qué tontería, nadie es “indispensable”. No pasa nada porque un día pierdas el tren…. Resultado, me dio tal golpetazo el corazón que vi las estrellas y, nunca mejor dicho, porque vi la noche plagada de esas estrellitas tan preciosas….. Se me doblaron las piernas y me caí, pero sin llegar a perder el conocimiento, pero me tuve que quedar un buen rato sentada. No sé si, afortunadamente o no, nadie pasaba por allí; creo que toda la gente estaba cogiendo el tren que, encima, perdí. Me volví a casa con un buen susto, con suerte sólo tenía que bajar la cuesta. Al día siguiente, al cardiólogo de cabeza. Me subí encima de la bicicleta que tenía en la consulta…….y, derechita a hacerme un cateterismo. Y por fin, me diagnosticaron lo que tengo. Consideraron que no era una cardiopatía muy grave y durante siete años me pusieron a tratamiento. Esos siete años fueron los peores de mi vida, con mis idas y venidas a urgencias….. Me volvieron a dar otras siete anginas de pecho y, las dos últimas fueron tan fuertes que prefiero no recordarlas. Después de realizarme mi segundo cateterismo decidieron operarme de urgencias. Por lo visto era candidata a “muerte súbita”, y yo sin saberlo…..

De la operación, ¿qué contaros que no sepáis muchos de vosotros? Es dura, sí, pero se pasa. Al día siguiente no podía definir qué es lo que sentía, pero el cuerpo estaba….., ¿A que lo sabéis?…… Sólo sé que me daba todo igual y que no me hubiera molestado ni para quitar un pelo de la cama. Me lo aclaró un médico muy amable en la UCI al preguntarme

– ¿cómo te encuentras? Yo no tenía ganas ni de responderle, pero él lo hizo por mí:

– “como si te hubiera pasado un camión por encima”- ¿verdad? Yo hasta me sonreí.

– ¡qué bien lo ha definido usted! le contesté.

Por la cicatriz no os preocupéis, al principio se ve algo fea, pero luego casi no se nota. Además hay unos collares por ahí…. Eso sí, en los primeros momentos debéis deprotegerla del sol. Las chicas poneos guapas, compraos ropas y bikinis que llamen más la atención que vuestra cicatriz; a pintarse discretamente, que os hace falta poco para estar guapas. ¡Y no os olvidéis, un poco, sólo un poco, de ….. que el colorete hace milagros!

Pero chicas/os, todo pasa… Tengo entendido que en vosotros/as la edad juega a vuestro favor. Nunca se os olvide que estáis llenos de vida y que esa juventud os dará fuerza para luchar contra una intervención y mucho más.

Desde que me han operado no he vuelto a tener esos episodios tan fuertes, aunque tengo alguna pequeña arritmia. De cualquier forma, confío en mi equipo de cardiopatías congénitas. Sé que con la operación estoy a salvo de una muerte súbita y las arritmias son llevaderas y tal vez ya sean fruto de mi edad.

Vuestra cardiopatía puede cursar de otra manera, incluso estar controlada en una operación en edad temprana, de forma que podáis olvidaros de ella para el resto de la vida. Puede, por el contrario, exigir cuidados de por vida, pero lo importante es vuestra actitud ante ella.

Por si de alguna manera os sirve de algo, os he contado como he vivido mi cardiopatía, quizá de manera desenfadada (hay que desdramatizar ciertas cuestiones, pero no creáis, también he sufrido lo mío). Quiero compartir con vosotros las lecciones que he aprendido de mi propia vida: La presencia de una cardiopatía congénita no os debe impedir llevar una vida plena, alegre y duradera (hasta más de 70 años), aunque por veces no siempre es maravillosa, como no lo es para todo el mundo. Buscad un buen equipo médico especializado en cardiopatías congénitas (cardiología y cirugía) y confiad en sus decisiones. Facilitad la tarea de vuestros padres que, aunque no lo creáis, quizá han sufrido más que vosotros. Afrontad vuestra cardiopatía con serenidad y positividad, prestándole la atención debida, pero nada más. No decidáis empezar a realizar un deporte sin consultarlo antes con los profesionales que saben de vuestra cardiopatía. Haced deporte, sí, pero controlado. Y hay que ponerse a trabajar como todo el mundo e incorporarse al mercado laboral: Muy excepcionalmente las cardiopatías puede impedir trabajar. ¡Sois jóvenes, tenéis toda la vida por delante, no la desaprovechéis! Nada más, chicos y chicas. Que todo os vaya bien en la vida, pero no olvidéis, ya sois responsables y en gran parte, está en vuestras manos el conseguirlo.

Un abrazo.

Loli

Autores

Dolores Tejero

(Profesora EGB y Párvulos. Asesora de Educación Infantil y Primaria de los COPs de Getxo y Leioa. Vizcaya.)