Nuestros cuidados emocionales ante la crisis sanitaria (Covid19)

Araceli Galindo Laguna (Psicóloga Clínica de la UCC) 

Belén Tarrat Fierros (Psicóloga Especialista en Salud y Psico-oncología)

 

 

Ante situaciones de crisis, y en concreto en la actualidad sanitaria sobre el coronavirus (COVID’19) que nos afecta a todos, queremos ayudarte a identificar algunas emociones que puedes estar sintiendo.

Con la obligación de permanecer en nuestras casas sin salir a interactuar con otras personas, ni a realizar gestiones en el entorno social, pueden desencadenarse sensaciones desagradables que en nada favorecen a sobrellevar el tiempo que hay que permanecer estrictamente dentro del hogar.

Si además, tienes un hijo/hija con una cardiopatía congénita o tú mismo la tienes, puede que te sientas más preocupado y pendiente constantemente de cómo os encontráis, como con sensación continua de estado de alarma.

En este preciso momento, puede ser que vivamos solos, en pareja, en familia con hijos, con algún otro miembro (abuelos, algún sobrino) o temporalmente, con algún amigo íntimo que viva en nuestra casa. En cualquiera de estas situaciones,

Podemos sentirnos angustiados por la situación y desarrollar conductas poco saludables que interferirán con el día a día. Quizá vayamos a la nevera con más frecuencia de lo habitual; estemos demasiado pendientes de las noticias, redes, whatsapp; nos preocupemos en exceso por la limpieza y desinfección; si somos muy activos en el deporte y nos vernos limitados para hacerlo, podemos sentir esa inquietud interna tan molesta; es posible que durmamos en exceso o menos de lo saludable; vemos que no nos cunde el tiempo… Establecer un orden en las actividades cotidianas nos ayudará a soportar el malestar que nos produce la ansiedad y evita que realicemos todas estas acciones que ponemos en marcha de forma equivocada para reparar la angustia, produciendo el efecto contrario de aumentarla.

Es humano tener miedo a la enfermedad. Cualquier enfermedad nos produce incertidumbre y, dependiendo de la gravedad, tenemos miedo y podemos llegar a sufrir pánico a medida que el desconcierto aumenta. Todo esto, también dependerá de nuestra propia personalidad y de la manera de afrontar las situaciones difíciles. En el COVID’19 se concentra la incertidumbre y la evolución del mismo. Conociendo cómo afrontar los aspectos sanitarios, de los que estamos suficientemente informados, sabremos cómo actuar y esto ayudará a controlar nuestro miedo ante este virus.

También nos frustramos y enfadamos porque no podemos hacer lo que queremos. Inevitablemente, la situación de confinamiento por la enfermedad nos lleva, de forma obligatoria, a “tener que parar”. No estamos muy acostumbrados a ello, ya que nuestra sociedad imprime un ritmo de vida en el que nada para, todo sigue y sigue muy rápidamente. Nos irritamos fácilmente y esto no favorecerá la convivencia.

Cuando se rompen nuestras rutinas, podemos perder parte de nuestra organización cotidiana donde todo estaba estructurado: nos levantamos a tal hora, salimos para el trabajo, llevamos a los niños al colegio, jornada laboral, recogemos a los niños, vuelta a casa, actividades familiares, cena, acostarse. Las rutinas nos ayudan a vivir en un ritmo vital que nos ordena. Ahora, esto se ve afectado de manera significativa y de ahí que volvamos a instaurar unas rutinas diarias adaptadas a la situación que nos obliga la enfermedad actual.

¿Llegaremos a aburrirnos o a tener desidia por las cosas que antes nos interesaban? La falta de estímulos externos a los que ahora nuestro acceso está restringido, ¿puede llevar a abandonarnos o perder nuestra motivación? Es posible que tengamos momentos en los que pensemos “total, para qué lo hago si no puedo desarrollarlo fuera de casa” o “qué aburrimiento, todos los días lo mismo”, pero ello dependerá de nuestra forma de afrontar la situación y de inventarnos otras maneras de actuar o de distraernos.

Desgraciadamente, hay muchas personas que estarán viviendo el confinamiento en la soledad de sus casas. Si estamos en esa situación, el sentimiento de tristeza y abandono es algo importante a cubrir. Y no dependerá únicamente de lo que haga el que viva solo. Dependerá, en gran medida, de la ayuda exterior que pueda recibir; de la comunicación con otros, de saberse ayudado en su vulnerabilidad. Si estamos solos, hagámonos notar con el vecino, con el amigo, con los compañeros de trabajo usando los medios de comunicación que tenemos al alcance. Si tenemos amigos o familiares en esta situación, acerquémonos a ellos usando la tecnología que disfrutamos actualmente.

Algunos consejos

Aceptaremos la angustia y la ansiedad como algo desagradable, pero que a la vez podemos manejar. Haciendo hábitos saludables para comer, dormir, la actividad física, la comunicación con los demás. Horarios estables para comer. Una hora antes de dormir abandonar cualquier soporte informático (tablet, ordenador, móvil). Marcarse un horario para contestar a los Whatsapp o grupos de redes sociales. Calendario semanal para la actividad física.

Combatiremos el miedo aprovechándonos de lo que conocemos de él y sabiendo cómo actuar en cada momento. Aceptar las sensaciones que nos produce el miedo y la incertidumbre, manteniendo la visión en el aquí y ahora. El sentido del humor hace que el miedo se empequeñezca. Las manifestaciones solidarias en los balcones y ventanas por un motivo concreto, también ayuda a diluir el miedo, ya que no nos sabemos completamente aislados ante la enfermedad y sí unidos y conectados a otros que se enfrentan a ella igual que nosotros. Si la situación te sobrepasa, puedes practicar respiraciones profundas con los ojos cerrados y trayendo a la mente una imagen, un pensamiento o un recuerdo que te trasmita calma.

Frente a la frustración, podemos desarrollar nuestra tolerancia a la frustración minimizando el efecto de estar en nuestras casas. Buscaremos recursos en casa para tener más paciencia. También, podemos buscar un espacio para nosotros mismos cuando sintamos que el enfado nos sobrepasa y lo estamos trasladando a las personas con las que convivimos en este aislamiento. Asimismo, también, pensar en ofrecerles a ellos un espacio para que puedan desahogarse. Organizaremos nuestra actividad diaria para aprovechar el tiempo de manera distinta a como lo veníamos haciendo. Nos ocuparemos de saber qué le interesa o prefiere hacer el resto de familiares que conviven con nosotros.

Establecer nuevas rutinas adaptadas a la nueva situación para no desorganizarnos. Mantener un horario de levantarse; plantear trabajo para la mañana (desde actividades caseras a las propias del teletrabajo o tareas en los niños); mantener un horario de comida en el que compartir sin TV u otros medios de comunicación; un tiempo para la actividad física; dar atención a las propias aficiones (lectura, escritura, buscar curiosidades, planear un viaje futuro para el verano…)

Para frenar el aburrimiento pondremos en marcha nuestra imaginación. Podemos inventarnos tablas de gimnasia para hacer solos o con la familia; hacer una canción para divertirse en casa; turnar a cada miembro de la familia para hacer la comida; montar un concurso de lunes a sábado para premiar el domingo la merienda más original o la cena más agradable…

Los sentimientos de tristeza podemos minimizarlos pensando en nuestras propias habilidades (bricolaje, ordenar la casa, revisar el ordenador) y poniéndonos en contacto con el exterior, llamando a amigos, haciendo una lista de personas a las que hace tiempo que no hablamos. Y si estamos preocupados por otros que viven solos, hacerlo a la inversa, llamarlos, mandarles algún mensaje, tener alguna conversación sobre la situación, lo que nos preocupa, lo que podemos hacer, compartir estrategias de lo que a nosotros nos vale en esta situación. Lo importante es que esa tristeza se vive y dándole salida, ayudará a dar paso a la calma.

Ánimo a todos y aprendamos de las situaciones difíciles.

 

 

 

 

 

Foto de Invierno creado por creativeart – www.freepik.es

Foto de Personas creado por freepik – www.freepik.es