Atención psicológica a los adultos con cardiopatía congénita

Las enfermedades en general, y las cardíacas en particular, afectan no sólo al cuerpo y todo lo que tenga que ver con lo fisiológico, sino que también influyen, en mayor o menor medida, a la persona en sí misma y a su entorno social: lo psicológico, calidad de vida, relaciones sociales, laborales… Es el aspecto más global del enfermo, ya que en su dolencia se entremezclan componentes como los biológicos, psicológicos, físicos, sociales… De ahí que al enfermo haya que tenerle en cuenta como un todo y no como la manifestación de un síntoma o de la enfermedad.

Personalidad y cardiopatía

Los estados psicológicos y la manera de ser de la persona influyen de manera importante en nuestra salud. Nuestros sentimientos y emociones pueden provocar, tanto efectos positivos como negativos en nuestro bienestar físico.

Autores

Araceli Galindo Laguna

(Psicóloga, Unidad de Cardiopatías Congénitas)
Contacto:
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araceligalindo@gmail.com

Es el paciente el que nos lleva a ver la necesidad de una atención psicológica; él es quien nos da la clave de cómo es su malestar físico, sus preocupaciones y maneras de reaccionar ante el estrés, sus emociones, los hábitos inadecuados que podría cambiar…Para ayudar al paciente, desde la UCC ponemos todo nuestro cuidado en cubrir estas necesidades con el fin de que la enfermedad y la hospitalización tengan sobre la persona un efecto lo menos negativo posible del que ya sufre.

Si al estilo personal de cada uno le añadimos el momento del diagnóstico de la enfermedad cardiológica, veremos que es diferente la manera de afrontar las situaciones de estrés, como puede serlo ahora la cirugía.

Puede ser que la enfermedad cardiológica aparezca de forma repentina (infarto, angina…) o constituya un diagnóstico desconocido hasta el momento. Puede tratarse de una enfermedad crónica (cardiopatía congénita o adquirida) diagnosticada desde el nacimiento o en la infancia. En cualquiera de las dos situaciones, se produce un cambio a nivel psicológico en la persona afectada.

Cuando se necesita de un tratamiento con ingreso en el hospital o una cirugía, el paciente cardiológico manifiesta reacciones psicológicas como ansiedad, tristeza, depresión, irritabilidad, rabia, trastornos del sueño, inseguridad ante la falta de control sobre lo que está pasando, aislamiento social…Todo ello influenciado por el conocimiento y manejo que de la enfermedad haya hecho hasta ahora, así como de la atención y cuidados que tanto el entorno médico-sanitario, familia, amigos, presión laboral, hayan proporcionado al paciente.

Estos síntomas no sólo aparecen desde el momento en que se conoce que se tendrá que pasar por una cirugía o desde los días previos al ingreso hospitalario. Pueden seguir manifestándose a lo largo de la hospitalización o de la convalecencia y recuperación. Lo que es muy positivo para el paciente es que todos estos síntomas se reducen en el post-operatorio; es decir, que son más significativos en todo el período pre-operatorio y que, pasada la cirugía, su manifestación se reduce mucho.

Diagnóstico reciente o establecido en la infancia

En las cardiopatías congénitas, el impacto emocional y el desarrollo psicosocial es distinto si el diagnóstico se hace al nacer, en la infancia o aparece en la adolescencia o en la edad adulta. Cuando se produce en el nacimiento, ya desde ese mismo momento se necesitará de una atención médica especializada, lo que hará que en niño vaya creciendo en la aceptación de una enfermedad crónica. Dependiendo de la cardiopatía y de cómo sea la educación del niño en la enfermedad, éste desarrollará una mayor o menor autonomía para convivir con su cardiopatía. Afortunadamente, en la mayoría de los pacientes, éstos pueden llegar a desarrollar una muy buena calidad de vida, conociendo y aceptando sus limitaciones y, poco a poco, a lo largo de todo el desarrollo evolutivo, conocer y afrontar sus propios miedos sobre la enfermedad.

Cuando la enfermedad cardíaca aparece de forma súbita o aguda, el impacto es mayor cuanto mayor sea el paciente. Si de ser un paciente autónomo (niño, adolescente o adulto sano y deportista), pasa a convertirse en un enfermo con limitaciones significativas, el impacto psicológico es más brusco y traumático. En muchos casos, los efectos de esta noticia sobre la persona requerirán de tratamiento y atención psicológica individualizada y específica, y, en muchas ocasiones, los pacientes requerirán la colaboración del entorno familiar, social, académico y laboral del enfermo.

Control de las emociones

¿Cómo reaccionamos ante el estrés? El estrés es algo habitual en nuestra vida. No puede evitarse, aunque lo que sí podemos es aprender a manejarlo, a controlarlo. Todas las experiencias vitales producen mayor o menor estrés, aunque sean acontecimientos positivos, desde un cambio de casa o trabajo hasta las más negativas como pueden ser la enfermedad, accidentes… El entorno, nuestro cuerpo y pensamientos intervienen, con mayor o menor estrés, en la manera de vivir los acontecimientos, tanto cotidianos como excepcionales.

El entorno nos exige constantemente adaptarnos a distintas situaciones, soportar ruidos, atascos, las propias relaciones interpersonales, los horarios

Nuestro cuerpo, todo lo fisiológico y la enfermedad concretamente, nos producen mucho estrés y ansiedad. Los trastornos de sueño, hacer dieta, tener unos hábitos concretos de salud, son todos aspectos que producen en el cuerpo cambios estresantes en sí mismos. Ante situaciones amenazantes, nuestro organismo reacciona y nos preparará para enfrentarnos o escapar de lo que nos amenaza. Así hay cambios físicos como que la pupila se dilata para mejorar la visión, el oído se agudiza, los músculos se tensan… Si no se libera al cuerpo de estos cambios y reconocemos lo que nos estresa, se ocasionará un claro desgaste físico y psíquico que podrían manifestarse en forma de crisis de llanto, ansiedad, depresión…

En abundantes estudios se ha descrito la relación entre el estrés y otras muchas dolencias, como dolor de cabeza, problemas gastrointestinales, procesos alérgicos, trastornos circulatorios, contracturas musculares, dolores cervicales, hipertensión, problemas sexuales, arritmias cardíacas…

Nuestro pensamiento y la manera en que interpretamos nuestro entorno pueden estresarnos. La forma de ver el futuro puede estresarnos o relajarnos. Los hechos cotidianos y la interpretación que hacemos de ellos pueden generarnos pensamientos positivos o negativos. Por ejemplo, si en el trabajo nos dice el jefe con gesto grave que ha revisado nuestro informe y que tiene tal o cual equivocaciones, podemos pensar que al corregirnos de esta manera su opinión sobre nosotros se devalúa, lo que nos provoca inseguridad y ansiedad. Por otro lado, también podemos interpretar que su manera de expresarlo puede ser debido a su cansancio o a sus propios problemas personales, que en nada tendrían que ver con nuestro trabajo, por lo que no veríamos afectada nuestra autoestima.

Pensar sobre los problemas, la enfermedad o una próxima cirugía, produce de por sí una tensión en el organismo, y, por lo tanto, una sensación subjetiva de inseguridad e intranquilidad. Esto provocará pensamientos todavía más ansiosos que pueden llevar a la pérdida de control y a desencadenarse lo que llamamos crisis de ansiedad. No podemos evitar todas las situaciones estresantes de nuestra vida, pero lo que sí podemos hacer es aprender a frenar o controlar nuestras respuestas a ese estrés.

Existen diferentes técnicas para logarlo, entre ellas la relajación, respiración, yoga, meditación, trabajo con la imaginación (visualización, imágenes dirigidas), técnicas de afrontamiento del problema, trabajo específico con el pensamiento…

Desde el punto de vista psicológico, hay mucho que hacer y en lo que poder ayudar al paciente que tiene que vivir con su cardiopatía o afrontar una posible cirugía. Nuestro objetivo está en conseguir el mayor bienestar psicológico para la persona que tiene que afrontar un acontecimiento vital tan estresante como son la hospitalización y la cirugía.

Preparación para la cirugía

A la hora de preparar al paciente para la cirugía habrá que tener en cuenta distintos aspectos, como valorar con él su interpretación y vivencia de su enfermedad, si conoce o no el procedimiento médico, saber qué y hasta dónde él quiere recibir de información médica… así como conocer todos los recursos personales que él ponga en práctica para afrontar esta experiencia.

Para ello, nuestra psicóloga se pondrá en contacto con el paciente días antes de la cirugía y en una entrevista telefónica, y de manera general se abordarán los asuntos de interés para la persona. En ella también se acordará la manera en que el paciente desee tener la relación terapéutica con la psicóloga, definiendo en ese momento el contacto (personal o con familiares) que se tendrá a lo largo de la hospitalización, seguimiento y vuelta a casa. Preparación a la cirugía.

En el Hospital

Un aspecto de importancia en la relación médico-paciente es el de la comunicación. Cuando esta comunicación es abierta y accesible y posibilita el trato humano entre el paciente y el entorno sanitario (médicos, enfermería…) es algo muy positivo para el enfermo, ya que esta flexibilidad favorece la reducción de la angustia que tienen tanto el paciente como los familiares durante la hospitalización.

El equipo médico siempre favorecerá que el paciente exprese sus dudas, preocupaciones y temores. Por ello, tanto los familiares como el paciente no dudarán en preguntar todo lo que necesite al equipo médico y sanitario. Es fundamental mantener la confianza y comunicación abierta entre todos.

La estancia en la UCI es un período especial y diferente al de la estancia en Planta. Para el adulto, el ambiente de esta Unidad es percibida como muy negativa, ya que el paciente se ve sujeto y limitado en movimientos (aparataje, monitorización…), ruidos excesivos que dificultan el descanso), el aislamiento físico y social. Tampoco tiene recursos externos para “distraerse” (lectura, juegos, tv…)

En nuestra Unidad tenemos como fin conseguir el mejor tratamiento posible, sabiendo que el paciente tiene un beneficio psicológico cuando se puede reducir la estancia en el hospital. Sabemos que cuando la ansiedad se reduce, también la recuperación es más rápida.

El paciente adulto, a diferencia de los niños y adolescentes, suele adoptar un papel activo y colaborador en su recuperación de la cirugía. Esta actitud ayudará mucho en la recuperación dentro del hospital y próxima vuelta a casa. Atención psicológica en el hospital.

Vuelta al día a día

A lo largo de los años, y después de numerosos estudios que lo apoyan, podemos afirmar que la ansiedad es un factor que influye directamente sobre el organismo y que, una vez pasada la cirugía, a medida que se reduce la ansiedad, aumenta la calidad y rapidez de recuperación.

Por este motivo, el momento del alta hospitalaria es vivido como un momento liberador de tensión y ansiedad, ya que se han visto superadas todas las adversidades que supone la estancia en un hospital. Volver al domicilio, a casa,(en algunos pacientes volver a la comunidad autónoma desde la que se han desplazado), es un salto cualitativo al percibir la recuperación de la salud, la autonomía y el control del propio cuerpo que ya no depende de los cuidados en un hospital.

Desde el primer momento en que se comienza la recuperación, es importante que el paciente, sus familiares y el entorno social y laboral tengan conciencia de que son un todo relacionado que ayudarán a la comprensión de todos los pasos a seguir en la recuperación: primeros cuidados, incorporación progresiva a la vida cotidiana, hábitos saludables, revisiones periódicas, posibles limitaciones, rehabilitación cardiaca, si fuera necesaria, etc. Por todo ello, el apoyo emocional es muy importante.

En este apoyo emocional tienen participación activa los familiares y amigos, haciéndole saber al paciente que se está en todo momento brindando la ayuda que él pueda necesitar. Tanto si esta ayuda es pedida como si no, el entorno más cercano tendrá que estar atento a las muestras indirectas de petición de ayuda o atención. La empatía juega un papel primordial para que el enfermo se sienta comprendido por el otro. Por esto, es importante dejar abiertos todos los canales para la comunicación.

Si no se le ofrece por parte del entorno, el paciente puede dar ideas a los demás diciendo lo que necesita y espera de los otros: hacer una cadena informativa entre familiares, entre los amigos, recibir visitas programadas por él mismo, reservarse los espacios y tiempos para sus descansos, llamadas de compañeros de trabajo, paseos acompañados por los que él elija… En entorno tendrá que estar atento a que el paciente en recuperación no se aísle socialmente, sino que vuelva a sus rutinas de la manera más rápida y segura posible.

El cardiólogo hará un buen control sobre el dolor físico, para lo cual el paciente estará en comunicación con su médico. También se le animará y confirmará la predisposición positiva del paciente, ya que es la cualidad más relevante a la hora de pasar de la dependencia médico-hospitalaria a la autonomía que se tenía antes de la cirugía. Es posible que aparezca algún miedo o fobia que interfiera con la realización de pruebas posteriores. Si esto es así y el paciente ve que no puede controlarlo, consultará con su cardiólogo, que le indicará la necesidad de contactar con la psicóloga.

El equipo médico y la psicóloga valorarán conjuntamente la evolución de la recuperación atendiendo tanto a lo médico como a lo psicológico, ya que deberán seguirse todas las propuestas del médico y tenerse en cuenta el estado emocional post-cirugía y la posible dificultad a la hora de cumplir las indicaciones por parte del paciente. Volver al día a día implica la participación del paciente y, por ello, su motivación es fundamental a la hora de adoptar un papel activo en su recuperación.

Por todo ello, creemos que es absolutamente necesaria la intervención multidisciplinar y la coordinación entre el equipo médico, enfermería de UCI y de Planta, psicóloga, fisioterapeutas y trabajador social. Cuando dejamos el hospital