Motivos más frecuentes de consulta en cardiología pediátrica

Son varios los motivos para acudir a la consulta de cardiopatías congénitas:

Soplos cardíacos: inocentes y orgánicos

El soplo es la causa más frecuente de consulta en Cardiología Pediátrica, y afecta a niños de todas las edades, aunque especialmente a aquellos que están en edad preescolar y escolar.

¡Cuántas veces los pediatras auscultan el corazón y oyen un soplo! La mayoría de las personas asocian automáticamente “soplo” con un “problema cardíaco” seguro. Pero esto es afortunadamente un concepto erróneo.

El soplo no es más que un “ruido” que se oye a la auscultación del corazón y que se debe al sonido o la turbulencia que hace la sangre al pasar por el corazón o por los vasos sanguíneos. Es como escuchar el agua correr por las tuberías, y aunque se oiga el agua correr, no significa que la tubería esté estropeada.

Autores

Dra. Mónica Rodríguez

(Jefe de Cardiología, Unidad de Cardiopatías Congénitas, Hospital Universitario Montepríncipe. Madrid)
Dra. Sandra Villagrá Albert
(Jefe de Hospitalización Unidad de Cardiopatías Congénitas Hospital Universitario Montepríncipe. Madrid)

Otras veces, lo que se oye es la vibración de las estructuras intracardiacas con los movimientos del corazón. Estos soplos debidos a los movimientos de la sangre o a la vibración de paredes o músculos cardiacos se llaman inocentes, representan el 99% de los que se auscultan en niños y no son patológicos.

Los soplos inocentes en la infancia son, por tanto, muy frecuentes. A más del 80% de los niños a lo largo de su infancia se les oirá un soplo en un momento determinado de su vida.

Los adultos también los tenemos, especialmente las mujeres embarazadas, pero en los niños se oyen con más frecuencia porque el tórax es más fino. También se pueden oír más cuando los niños están malitos o acaban de hacer una actividad física, sencillamente porque la sangre va todavía más rápido. Algunos profesionales llaman a estos soplos “funcionales”, porque se deben a un aumento de la función contráctil del corazón cuando el niño está agitado o tiene fiebre, pero en esencia siguen siendo soplos inocentes. Por eso los soplos “no desaparecen”; simplemente “se dejan de oír” o “a veces se oyen y otras veces no” (porque depende del momento que se esté auscultando al niño y de la persona que ausculta, “si tiene un oído más fino o no”).

Cuando el motivo de consulta es por la auscultación de un soplo, y comprobamos que no existe ningún síntoma de alarma (fatiga, rechazo de las tomas, estancamiento de peso, mal color, dolor torácico, mareos o antecedentes familiares…) y el estudio  cardiológico es normal, lo catalogamos, pues, de INOCENTE, y no se requieren más revisiones (porque no hay nada que revisar). Y a la pregunta de si “puede hacer vida normal”… ¡por supuesto! Porque es un niño sano desde el punto de vista cardiológico.

En un pequeño porcentaje (1%), la causa del soplo es patológica:

  • Puede deberse a un aumento de la cantidad de sangre que pasa por un vaso o una válvula, como en la Tetralogía de Fallot.
  • Puede deberse a la existencia de un agujero en una pared cardiaca por la que pasa un chorro de sangre (comunicaciones interauriculares, interventriculares).
  • Puede haber una estrechez en un vaso o una válvula que haga que al pasar por esa zona se acelere la sangre (por ejemplo una estenosis valvular)

Estos soplos que no son inocentes se llaman soplos orgánicos. En todo caso, el problema no es el soplo sino la lesión cardiaca que lo produce. Por eso, los cardiólogos no llamamos al problema “soplo”, sino que nos referimos al problema en sí (por ejemplo, comunicación interauricular, interventricular…). Éstos sí requieren seguimiento cardiológico.

Los soplos en niños o adultos operados de cardiopatía son la regla y su significado es nulo, lo importante es la propia cardiopatía operada ya conocida y si hay lesiones residuales o no.

Pre-síncope/ síncope vaso-vagal

Este motivo de consulta, también muy frecuente, es más habitual en niños mayores y adolescentes.

Presincope o sincope vaso-vagal:

Definimos pre-síncope a una sensación brusca de inestabilidad, debilidad y manifestaciones visuales como visión borrosa u “oscura”, que el paciente suele definir como “mareo”, y síncope a las manifestaciones previas cuando se siguen de pérdida de conocimiento. Suelen acompañarse de palidez, sensación de calor y sudoración fría. Pueden ir acompañados de náuseas, vómitos y dolor abdominal. Son las “lipotimias” de toda la vida.

El 15% de los niños tiene un síncope antes de llegar a la adolescencia, y es en este período cuando aumentan de frecuencia hasta el 50%. Puede haber antecedentes familiares de síncopes similares.

Se suelen producir porque se ponen en marcha una serie de mecanismos fisiológicos que provocan una bajada brusca de tensión arterial y de frecuencia cardíaca. El corazón no presenta ninguna enfermedad y solo responde con bradicardia a los impulsos que le envía el sistema nervioso autónomo. Los episodios son breves y autolimitados, y el niño se recupera inmediatamente y con total normalidad, aunque a veces se queden como “cansados y mareados” algo más de tiempo. Estos cuadros se llaman pre-síncopes/síncopes vaso-vagales y son propios de personas cardiológicamente sanas.

Es característico que los presíncopes/síncopes vasovagales no suceden NUNCA durante la práctica del ejercicio, aunque sí pueden aparecer inmediatamente después de haber cesado la actividad deportiva.

Las causas más frecuentes son el ayuno prolongado, sitios muy concurridos y calurosos, estar mucho tiempo parado y de pie (los famosos desmayos en la iglesia…), incorporación brusca, dolor, ver algo que le impresione (sangre, una herida…). Por eso, el niño con tendencia a presentar estos cuadros debe evitar estos factores desencadenantes, ingerir abundantes líquidos y, muy importante, adoptar las medidas posturales cuando note los síntomas: sentarse con la cabeza hacia abajo o tumbarse con las piernas hacia arriba (de este modo evitaremos que se caiga y se golpee la cabeza).

Presincope o sincope NO vaso-vagal:

Los pre-síncopes/síncopes sin pródromos, “sin avisar” (no precedidos de “mareo”), producidos durante el ejercicio, estrés o sobresalto, asociados con dolor torácico, palpitaciones, y en presencia de antecedentes personales de cardiopatías y/o antecedentes familiares de muerte súbita en personas jóvenes, no son de tipo vaso-vagal. Se trata de un cuadro mucho más serio que nos obliga a descartar síncope/pre-síncope cardiogénico. En estos cuadros el corazón está directamente implicado en la generación de los síntomas, generalmente a causa de una arritmia severa, como las taquicardias ventriculares rápidas o el flúter/fibrilación ventricular. El cardiólogo debe realizar un estudio cardiológico completo, al menos con un ECG y una ecocardiograma, valorando la realización de otras pruebas que consideremos necesarias.

Dolor torácico

La consulta por dolor torácico es más habitual en niños mayorcitos, quizá algo más en varones, y sobre todo en niños que practican deporte habitual.

Cuando a un niño le duele el pecho, inmediatamente saltan las alarmas y todo el mundo piensa que es el corazón. El mismo niño suele acudir a consulta diciendo que “le duele el corazón”. Afortunadamente, el corazón es un órgano que raramente duele en los niños, pues la patología que sí provoca este dolor en adultos, la angina de pecho y el infarto de miocardio, es excepcional en la edad pediátrica. En el pecho, además del corazón, existen otros órganos que duelen, como el pulmón, la pleura, el pericardio, las costillas, los cartílagos que unen el esternón con las costillas, los músculos, el esófago, etc…

Normalmente, ese dolor se describe como “pinchazos” (que incluso a veces son tan intensos que se conoce como “Punzada de Teixidor”, e incluso el niño deja de respirar durante un segundo hasta que se le pasa…), y suelen ser de causa musculo-esquelética. Suelen ser breves y desaparecen sin más y no están relacionados con el corazón.

Otra posibilidad es el dolor a la palpación de la unión de las costillas con el esternón. Ahí hay un cartílago que en ocasiones se inflama y produce una costocondritis. Con unos días de ibuprofeno y reposo relativo, suele desaparecer sin más.

Muchas veces el dolor aparece cuando el niño corre o hace otro tipo de ejercicio, y si no hay un mareo, desmayo, síntoma o signo de alarma asociado, las causas más frecuentes son la aparición de flato u olvidarse de respirar correctamente cuando corre (debe coger aire por la nariz porque entra caliente y expulsarlo por la boca). Cuando los niños inspiran y espiran por la boca, acaban hiperventilando y el aire entra frío, provocando un ligero broncoespasmo que puede provocar dolor de pecho y sensación de falta de entrada de aire.

En ocasiones, el niño describe el dolor como “opresivo” (como si le apretaran), y dependiendo de las características del dolor, la intensidad, la localización, si se exacerba con algún movimiento, si tiene  antecedentes personales de cardiopatía o Enfermedad de Kawasaki, y si se asocia a fiebre o a algún síntoma (por ejemplo un desmayo) o signo de alarma (un ECG alterado),  hay que descartar causa cardíaca, como una pericarditis (inflamación de la bolsa que rodea el corazón) o dolor causado por otras etiologías (respiratorias, esofagitis, reflujo…). Se suele hacer un ECG y una ecocardiografía (para descartar causas relacionadas con el corazón) y si se considera oportuno, una radiografía de tórax u otras pruebas, dependiendo de la causa que se sospeche.

Cuando el dolor no es causado por ninguna patología orgánica importante, como las descritas en el párrafo anterior, se llama dolor torácico inespecífico. Es característico del dolor torácico inespecífico que aparezca de manera recurrente durante algunos meses seguidos, hasta que termina por desaparecer.

Segunda opinión

Es una causa bastante frecuente hoy día en cardiopatías complejas o ante decisiones difíciles.