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Cardiopatías Congénitas
por el Dr. Fernando Villagrá
 

 Es una comunicación entre ambas aurículas, normal durante la vida fetal pero que se debe cerrar al nacer. En la mayoría de las personas no se cierra totalmente pero no permite paso de sangre a su través a no ser que se la fuerce; es como una puerta cerrada que se puede abrir si se la empuja. Se trata del foramen oval que todos tenemos.  

En una minoría de personas permite el paso de sangre oxigenada (roja) desde aurícula izquierda (AI) (tiene más presión) a la aurícula derecha (AD) (tiene menos presión) bien porque esté un poco abierta la puerta o porque no exista y haya realmente un agujero en el tabique. En la aurícula derecha se mezcla (violeta) con la sangre sin oxígeno (azul) que proviene de las cavas. 

El flujo de sangre extra sobrecarga de nuevo al pulmón y corazón (aurícula derecha, ventrículo derecho, arteria pulmonar y aurícula izquierda) pudiendo causar alteraciones clínicas aunque más suaves y de aparición más tardía que las causadas con el ductus o la CIV.

 

Cierre percutáneo   

Hoy día el tratamiento habitual o de elección, es su cierre por cateterismo terapéutico (ver la sección cateterismo terapéutico), en el que se implanta un dispositivo oclusor. Consiste en introducir a través de un catéter un dispositivo de amplazer que ocluya la CIA. Para ello se requiere que la CIA tenga bordes adecuados para el implante y fijación del amplazer. En la práctica diaria, en uno de cada 4-5 casos, no es posible el cierre percutáneo, debiéndose cerrar entonces mediante cirugía. 

 

Corrección quirúrgica

El cierre quirúrgico de la CIA consiste habitualmente en una simple sutura continua. Ocasionalmente es necesario el uso de parche si la CIA es muy grande o tiene características especiales.

 

 
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